Siempre he imaginado como sería Egipto. Las pirámides, los templos, el Nilo… pero hay algo que entendí nada más llegar: Egipto no se visita, se siente.
Al salir del aeropuerto, la primera vez que lo visité sentí que ese destino era diferente. Lo primero, fue como retroceder en el tiempo no podía dejar de observar por la ventana todo lo que nos iba pasando. Me sorprendieron algunas viviendas, los carros tirados por animales, con las chilabas… parecía otra época. Y el que fuera de noche, ayudaba bastante a mi imaginación…
Si tu viaje inicia en Luxor, disfruta mucho del camino hasta el barco. Empápate de toda la esencia de esa ciudad, y ve más allá de la apariencia. Siempre les digo a mis viajeros qué, para disfrutar realmente de un destino, hay que mirar más allá de lo exterior y aprender a descubrir su esencia.
He tenido la suerte de visitar Egipto varias veces. Y si me preguntas que elegirías de entre todo lo que visitas… no tengo ninguna duda. El tempo de Karnak.
Entrar en Karnak es como entrar en otro mundo. Hay lugares que impresionan… y luego está Karnak. Porque no es solo un templo: es una ciudad sagrada levantada piedra a piedra durante más de 2000 años. Las columnas parecen infinitas y, por un momento, cuesta imaginar cómo pudieron levantar algo así hace miles de años. Creo que aquí es donde entiendes realmente la magnitud del antiguo Egipto.
Siempre intento que la primera visita en Luxor sea Karnak. Porque ver amanecer atravesando la sala hipóstila es una de esas experiencias difíciles de explicar: impresionante, sobrecogedora y absolutamente mágica.
Durante siglos, Karnak fue considerado uno de los lugares más sagrados del antiguo Egipto, y estaba dedicado principalmente al dios Amón. Los antiguos egipcios creían que este era un espacio donde lo divino y lo terrenal se encontraban, algo que quizá ayuda a entender la sensación tan difícil de explicar que se siente al recorrerlo.
Este templo no fue obra de un solo faraón, sino de muchos, que durante más de dos mil años quisieron dejar su huella allí.
De entre todos, permitidme que destaque a Hatshepsut – una de las grandes protagonistas de Karnak – qué mandó a erigir enormes obeliscos (uno sigue en pie) y construyó la llamada Capilla Roja.
Hatshepsut fue una de las figuras más fascinantes del antiguo Egipto y una de las pocas mujeres que gobernó como faraón. Su reinado estuvo marcado por la prosperidad, impulsando importantes construcciones, dejando una huella importante en lugares como Karnak. Sin embargo, tras su muerte, intentaron borrar parte de su legado: muchas de sus imágenes y nombres fueron destruidos, quizá por eso su historia resulta aún más fascinante: porque, pese a todo terminó encontrando la forma de perdurar. Algo que cobra aún más sentido. Cuando visitamos el impresionante Templo de Hatshepsut.
Otra de las experiencias más especiales de este viaje, es la navegación por el Nilo. Ver cómo se suceden los paisajes – la frondosidad verde a orillas del río y las dunas del desierto al fondo – mientras el barco navega con calma, es difícil de describir. No hay palabras suficientes para explicar ese momento. No puedes perderte el té que suelen brindar todas las motonaves entre las cuatro y media y las cinco, en cubierta. Es el momento ideal para disfrutar del Nilo mientras ves el atardecer.
Sabías que… para los antiguos egipcios el Nilo, no era solo un río: era vida. Sus crecidas anuales fertilizaban la tierra y hacían posible la agricultura en medio del desierto. Hasta el punto de que toda la civilización egipcia nació y creció a sus orillas.
Otro gran momento de este viaje, es el paseo en faluca y la visita al poblado Nubio. Navegar tranquilamente entre la vegetación, únicamente escuchando el sonido de la naturaleza, ya convierte el trayecto en una experiencia especial. Poco a poco aparece un lugar muy peculiar y acogedor, con sus casas coloridas.
Durante la visita tenemos la oportunidad de acercarnos un poco más a su cultura: conocer una pequeña escuela donde aprender algunos números nubios y el alfabeto árabe, disfrutar de un mirador con vistas a la ciudad de Asuán y hacer una parada en una casa donde nos reciben con té y algunos sabores típicos de la zona. De toda la experiencia te da la sensación de estar viviendo algo auténtico y diferente. Generalmente esta visita, siempre es opcional, pero yo siempre la recomiendo a todos mis viajeros.
Los Nubios son uno de los pueblos más antiguos ligados al Nilo. Con una identidad cultural propia, lengua, tradiciones y una arquitectura muy característica marcada por los colores vivos de sus casas. Visitar uno de sus poblados te permite descubrir un Egipto distinto, profundamente conectado con el río.


En este viaje sueles visitar los templos más importantes:
Templo de Luxor, construido principalmente por AmenhotepIII y ampliado posteriormente por Ramsés II, estaba unido al Templo de Karnak por una impresionante avenida de casi tres kilómetros flanqueada por cientos de esfinges. Recorrer hoy este templo permite imaginar el esplendor de aquella época y comprender la importancia que tuvo en el antiguo Egipto.
Uno de los relives que más me gusta de este templo, es el de la diosa Seshat, considerada la divinidad de la escritura, el conocimiento y la arquitectura. Cada vez que los antiguos egipcios iban a construir un gran templo, Seshat era la diosa encargada de «medir» el terreno junto al faraón. Para ellos, ningún templo podía levantarse sin que ella estableciera primero sus dimensiones y su orientación. Es una forma precciosa de entender que el conocimiento y la precisión eran tan sagrados como los propios dioses.
Edfú, dedicado al dios Horus, es uno de los templos mejor conservados de todo Egipto. Pasear por sus salas y contemplar sus relieves es casi como viajar atrás en el tiempo. Según la mitología egipcia, fue aquí donde Horus venció a Seth para vengar la muerte de su padre, Osiris, una lucha que simboliza el triunfo del orden sobre el caos y del bien sobre el mal. Conocer esta historia hace que la visita tenga un significado aún más especial.
Una de las estancias más curiosas del templo es el llamado Laboratorio, donde todavía pueden verse inscripciones con las recetas que utilizaban los sacerdotes para elaborar perfumes, aceites sagrados, ungüentos e incienso destinados a los rituales religiosos.
El Templo de Kom Ombo es uno de los más singulares de Egipto. Es el único dedicado a dos dioses: Horus el Viejo, símbolo de la protección y la realeza, y Sobek, el dios cocodrilo, estrechamente ligado al Nilo y a la fertilidad. Por eso, el templo está construido de forma completamente simétrica, con dos entradas, dos salas y dos santuarios, como si fueran dos templos en uno.
Pero, además, esconde una de las curiosidades que más sorprenden a los viajeros. En uno de sus muros se conservan relieves con instrumentos quirúrgicos como bisturís, pinzas o fórceps, además de escenas relacionadas con la práctica de la medicina. Una prueba del avanzado conocimiento médico que alcanzaron los antiguos egipcios. Otro de los rincones que despierta la curiosidad es una piedra que pertenecía al antiguo altar del templo, que muchos visitantes tocan como parte de una tradición popular.
Si tu itinerario te permite visitarlo al anochecer, no lo dudes. Ver Kom Ombo iluminado tiene un encanto especial. La luz transforma por completo el templo, es una forma diferente de descubrirlo, para mí lo hace especial y diferente.
El Templo de Philae, dedicado a la diosa Isis, es uno de los lugares más románticos y bonitos del recorrido. La leyenda cuenta que fue aquí donde Isis encontró el cuerpo de Osiris y consiguió devolverle la vida, convirtiendo este templo en uno de los grandes centros de peregrinación del mundo antiguo. Llegar a Philae en barca y ver aparecer el templo entre las aguas es una de esas imágenes que permanecen en la memoria.
Y por supuesto Abu Simbel. Es imposible no comentar este último por su extraordinaria grandeza. Sus enormes colosos excavados en la roca, presidiendo la entrada impresionan incluso antes de cruzar el umbral. Parecen custodiar la entrada a otro tiempo. No sé si por el tamaño, el enclave en medio del paisaje, junto al lago… pero al cruzar sus puertas no pude evitar sentir la sensación de estar entrando en la grandeza de una civilización extraordinaria.
Y llegamos al Cairo. Esta ciudad, a priori te puede resultar caótica, pero basta con detenerse a observar para descubrir que emana un halo muy especial . Pocas ciudades muestran de una forma tan evidente el paso del tiempo: en un momento estás contemplando las pirámides, testigos de una civilización con miles de años de historia, y al siguiente te ves rodeado de coches, motocicletas, vendedores, gente y el bullicio constante de una ciudad que nunca se detiene. Es precisamente esa mezcla entre pasado y presente, lo eterno y lo cotidiano lo que hace de El Cairo un lugar tan especial.
Podría hacer eterno este blog si empiezo a detallar todo lo que puedes visitar en el Cairo, mención especial a la Ciudadela y la Mezquita de Alabastro (no puedes perdértela), al GEM (impresionante el nuevo museo de el Cairo). Pasear por la calle Al Moezz de noche, es algo tremendamente especial, y si tienes la oportunidad de navegar por el Nilo al atardecer con la ciudad iluminándose poco a poco, disfrutarás de uno de esos momentos que ponen el broche de oro a cualquier viaje.
Pero si este blog tiene que terminar en algún sitio, solo puede ser a los pies de las pirámides de Guiza.
Si hace años que visitaste las pirámides, te sorprenderán los cambios. El acceso al recinto se ha modernizado con una nueva entrada mucho más organizada y, además se ha puesto en marcha un servicio de autobuses internos que conecta los principales puntos de interés del complejo. Esto hace que la visita sea mucho más cómoda y accesible, especialmente para quienes viajan por libre o en grupos pequeños, ya que permite recorrer las distintas zonas sin necesidad de hacer largos desplazamientos a pie.
Las pirámides de Guiza fueron levantadas hace más de 4.500 años durante la IV Dinastía y siguen siendo la única de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo que ha llegado hasta nuestros días. El conjunto está formado por las pirámides de Keops, Kefrén y Micerino, junto a la Gran Esfinge, que continua custodiando la meseta con el mismo misterio que ha fascinado a viajeros y arqueólogos durante siglos.
Recuerdo la primera vez que visité las pirámides. Mientras mis compañeros de grupo se animaban a dar un paseo en camello, mi amiga y yo nos sentamos en el pequeño muro desde el que partían las excursiones. No hicimos nada más que observar. En silencio. Contemplándolas, imponentes, sobreviviendo al tiempo, dominando la ciudad y recordándonos la grandeza de una de las civilizaciones más fascinantes de la historia.
Es algo que siempre recomiendo hacer: detenerse unos minutos, dejar a un lado las prisas y simplemente sentir el lugar. Porque Egipto no se visita, se siente. Y cuando te encuentras frente a las pirámides, entiendes por fin el verdadero significado de esa frase.
5 Consejos para tu viaje a Egipto:
- Viaja con la mente abierta.
Egipto es un destino diferente a Europa y es importante dejar atrás las comparaciones. No te quedes solo con lo que ves a primera vista: mira más allá de lo exterior y aprende a descubrir su esencia. - Lleva calzado cómodo y prepárate para caminar.
Vas a visitar templos, yacimientos arqueológicos y lugares enormes. Un buen calzado hará que disfrutes muchísimo más de las visitas. - Bebe siempre agua embotellada.
Es uno de los consejos más importantes. Utiliza agua embotellada incluso para lavarte los dientes y evita beber agua del grifo. - Detente un momento y disfruta.
Aunque viajes con un itinerario organizado y tengas muchas visitas por delante, intenta encontrar pequeños momentos para parar, observar y disfrutar de lo que tienes delante. Contempla un templo, escucha el silencio, disfruta del paisaje mientras navegas por el Nilo o simplemente siéntate unos minutos frente a las pirámides. A veces, esos pequeños instantes son los que terminan convirtiéndose en los recuerdos más especiales del viaje. - Déjate sorprender.
No vayas a Egipto pensando únicamente en las pirámides. El país es muchísimo más: Karnak al amanecer, el Nilo, los templos, el desierto, los mercados, la vida cotidiana… Y, sobre todo, la historia y las historias que hay detrás de cada lugar. Porque Egipto no se visita, se siente.
Si después de leer estas líneas te han entrado ganas de descubrir Egipto, te cuento…. Ya estoy preparando un viaje muy especial para 2028, con un itinerario diferente al habitual, diseñado para descubrir lugares menos conocidos sin renunciar a los imprescindibles. Un viaje pensado para quienes, como yo, creen que Egipto no solo se visita… se siente. Espero poder compartirlo pronto con vosotros.































































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